Tarde de sábado gris y muy fría, eso no fue impedimento para borrar sus amplias son­risas y tal cual lo acordamos, María Correa, Rosa Apolinario y Amelia Ruiz, nos espera­ban con fotos antiguas, hermosos tejidos, y un bagaje de recuerdos que motivan a la admiración por este Grupo de Hipertensos Paso de la Arena.

Días pasados cumplieron sus 23 años de existencia y es un gusto poder transmitir me­diante estas páginas, un poquito de lo mucho que hace este grupo humano, que promedia los 75 años y derrama energía y positivismo.

Luego de los mimos a los que nos tienen acostumbrados y tecito mediante, los recuerdos brotan y recorremos junto la historia. María es fundadora y nunca dejó de participar, con ella co­menzamos este diálogo.

¿Cómo surge el Grupo de Hipertensos?

María: “Surge a raíz de una iniciativa de la doctora Gabriela Pose, que atendía en la policlí­nica municipal de Paso de la Arena.

¿Cuántos eran más o menos en el comien­zo del grupo?

Ocho, estaban las Clavijo, Rosa, que ya sé fue, Anita, otra gente de la parroquia, que des­pués dejó de ir, éramos poquítos. Pero con el co­rrer del tiempo llegamos a tener grupos de hasta 60 personas.


¿Cómo eran esos pri­meros días?

Primero íbamos a la policlínica, antes de sa­lir a caminar la Dra. nos hacía el control, nos to­maba la presión, repe­tía los remedios. Cuando terminábamos nos íbamos al parque Tomkinson viejo, a hacer ejercicio.

Gabriela nos había conseguido un profesor de gimnasia, vos sabes que a esta altura no me acuerdo cómo se llamaba.

Gustavo Resende, fue uno de ellos…

Ahí está, era alto, muy lindo muchacho, joven, era profesor de educación física, después se fue del comunal y vino otro, no recuerdo su nombre, qué horrible no me acuerdo, bueno con a mis 83 años, -mañana cumplo 84- a veces se me olvidan las cosas.

María se ríe y sigue diciendo…

La pandemia me está perjudicando, a veces la gente me dice, como con tu edad vas a estar haciendo eso, yo los miro y les pregunto, ¿por qué me dicen eso?. Yo en mi casa hago todo so­lita, lo único que no hago más, es cortar el pasto, porque tuve un infarto, uno de aorta y otro al co­razón, y bueno, después de eso las chiquilinas ya no querían que yo lo hiciera, “No mamá, pa­gamos una persona para que venga a cortarlo”. -Culmina diciendo, y ocasiona la risa de todas-


Les pregunto a las tres. ¿Cómo se incorpo­ran al grupo?

María: Un día fui a la policlínica porque anda­ba horrible de la presión, (por esa época la tenía por las nubes, 20 y pico) Gabriela me atendió y me dijo, “acaba de empezar un grupo de Hiper­tensos, ¿por qué no va?”. Le dije a mi marido, y me dice; si anda, entonces fui para nunca más salir.

Rosa: Yo también, yendo a lo de Gabriela, me contó del un grupo y me sugirió participar. Empe­cé, pero faltaba mucho porque había tenido fami­lia, mi hija Graciela. Al tiempo me reintegré no me despegué más.


Amelia: Cuando se fueron mis hijos, que emi­graron, caí en un pozo depresivo y la doctora Gabriela Pouse, me dijo, ahora a la psicóloga, la psiquiatra y además va a empezar a ir al grupo, y comencé y no lo deje nunca más. Gracias a este querido grupo, que amo tanto, estoy como estoy, tan también.

¿Cuántas son ahora en el grupo?

Amelia: Somos alrededor de 30 mujeres, nos cuesta últimamente lograr que se sumen varo­nes, sólo está Angelito, el esposo de Lis, viene a coro, es macanudo.

¿Y son todas de distintas zona?

Rosita: Sí, de distintos barrios, mi mamá es la que vive más lejos, en el Prado.

Decían que hay personas que las marca­ron. ¿Por qué?

María: Nos marcó como llegaron al grupo y como con el tiempo modificaron su conducta.

Algunos ejemplos…

María: Un día estábamos afuera de la Casa Comunitaria sentadas esperando que llegara la que tenía la llave, se acerca una persona y nos pregunta si allí atendía una sicóloga, la vimos mal a la señora, entonces nos pusimos a conversar con ella y nos dice, “Necesito hablar urgente con ella”, le dijimos que la psicóloga ya se había ido, y nos dice: “¿y qué hago?” Y, quédese con noso­tras, respondimos y no se fue nunca más. Vimos mucha gente llegar muy mal al grupo y recupe­rarse.

Amelia: Otro día alguien golpeó, yo estaba cerca de la puerta, abrí y pregunte, señora que desea, “no sabe dónde hay una casa de salud” me respondió, ¿una casa de salud, para quién señora?, “para mí, porque no me maté, porque no tuve coraje”. La invitamos a pasar, ella se quedó a la reunión, le gustó, me dijo, “me podría dar su teléfono”, en la noche me llamó, hablamos mu­cho… y se incorporó al Grupo. Somos un poco sicólogas entre nosotros.

Mucho después, la compañera delante de to­dos, dijo, “Esta señora que está acá me salvó la vida”, no era eso lo que nosotros buscábamos, pero de cualquier manera, me sentí interiormente tocada. Estas cosas son muy reconfortantes.

Una de las cosas que las distinguen, son sus tejidos y las donaciones de los mismos…

Rosa: Sí, durante muchos años tejíamos ca­lentitas, medias, bufandas, gorros y lo donába­mos al Piñeyro el Campo. También llevamos a Emaús, a la Guardería Sol y Luna, a la cárcel de Mujeres, al Plan Juntos. A la cárcel de mujeres también entragamos máquinas de coser, ropa que juntamos, más todo lo tejido. Un año lleva­mos colchas para todas las cunas de los niños pequeños que están con sus mamás allí, y para las camas de todas las internas. Fueron en total unas 250 colchas.

¿Qué hace que alguien permanezca 23 años en un grupo?

María: para mí es positivo participar en el gru­po, no falto nunca, únicamente que esté enferma o no pueda. Es como si fuera un trabajo, una obli­gación, como ir a la parroquia a ayudar en la ven­ta de ropa. Me siento confortable, muy querida y hay mucho compañerismo.

Amelia: Otra de las cosas que nos pasa en el grupo también, es que nos conocemos tanto, que nos miramos y decimos, que te pasa María, que te pasa Rosi, sabemos cuando alguien llega mal porque está enferma, o le pasa algo.

Rosa: Algo muy importante es que en el grupo nuestro, no hay un director o una palabra vale más que la otra, no, lo que cada uno opine se pone votación y sin enojarse, se resuelve lo más conveniente.

Ustedes son parte de la Red de Adultos Ma­yores en Zonal 18. ¿Qué les parece esa inte­rrelación?

Está perfecto, porque te dan pautas de tra­bajo, te aconsejan hasta para elegir cosas. Por ejemplo ahora, nos tuvimos que reorganizar y justamente empezar a innovar en ¡lo que es In­ternet, whatsapp y reuniones por zoom, de esa manera seguimos funcionando y nos comunica­mos. También estamos a full con los tejidos. No, la pandemia no nos aquieta.

Qué les diría a los lectores…

Que no sólo nos ayuden a nosotros, sino que también formen otros grupos para ensanchar un poco la colaboración hacia los demás, que con un pedacito de tela o lana podés ayudar a otros que lo necesitan. No dejaríamos el grupo por nada del mundo, nada, nada, nada…

Un agradecimiento muy especial para Rocío y su esposo que trabajan en la parroquia, Alma y Luis y a la parroquia Jesús Obrero, que nos dan ropa para donar y tejidos para desarmar; a Mirtha y Mariela Villasante que nos dan las telas para almohadones, colchas y alfombras.

 

Hace 23 años

La Dra. Gabriela Pousse

es la gran propulsora

Hace 23 años que una joven médica planteó a sus pacientes formar un Grupo de Hipertensos, Gabriela Pousse, se ganó la admiración y perdura en el recuerdo de todos los que han pasado o continúan en él.

El Grupo que surge para el control y prevención de la enfermedad, se trans­formó en un hermoso grupo humano, que realiza diferentes actividades y regala so­lidaridad a quienes más lo necesitan.

La galena fue como la madre y guía, les dio las herramientas y hoy, ya todos mayores, el Grupo Hipertensos, es un ejemplo para otras personas.

Los primeros años se reunieron, “bajo la sombra de un frondoso árbol, en el Par­que Viejo, contiguo a la cancha del club El Tigre”. Más tarde se trasladan a las instalaciones del Escenario Carlos Caffa, y actualmente y ya desde hace muchos años, se reúnen en la Casa Comunitaria.

Han desarrollado a lo largo de los años, distintas actividades, gimnasia, ta­ller de coro con profesor del “TUM”, van a leer libros de cuentos a las escuelas de la zona, juntan ropa usada, la clasifican y lavan para luego donar. Desarman bu­zos y tejen colchas, mantas, ropa de abri­go, realizan alfombras y almohadones de tela, todo lo donan a centros educativos y diferentes instituciones.

Participan de actividades recreativas, culturales y son parte de la Red de Adul­tos Mayores del Zonal 18.

Cuando la pandemia pase, el grupo invita a aquellas personas que se quiera sumar a compartir buenos mo­mentos y no estar sola en su casa; a la reunión de los días lunes de 13 hasta las 17 horas, en casa comunita­ria (Tomkinson 2465 esquina Alfredo Moreno)