A fines de la década del sesenta, se puede salir a jugar en la calle con nombre de coronel heroico, que por su apellido lleva a respeto.
Con el sol los colores son brillantes, pero, en las noches se entiende el verdadero sentido de la expresión “como boca de lobo”. Sin embargo son las menos, las veces en que los niños están en plena calle; las madres prefieren que los amiguitos vayan a sus casas, con amplios jardines..
Las flores son sencillas petunias y tacos de reina, entreverados con boniatos, tangerinos o ciruelos..
Las niñas arman salones de clase con sus muñecos y discuten sobre quién es la maestra..
Las más inquietas, prefieren jugar a la mancha, formándose momentáneas tormentas y se ve a alguna chiquilina cruzar enojada para su casa; pasa pedaleando más tarde, rumbo a jugar con alguna otra nena del barrio, mirando a las todavía maestras o ahora madres..
No hay muros entre uno y otro terreno, la mayoría están demarcados con prolijo tejido de alambre, sostenido por palos cada tanto; es fácil entonces para las vecinas, conversar a través de este límite que impide el paso de perros y gallinas, pero no de animadas charlas que amenizan las tareas de rutina..
Las gallinas están encerradas con el mismo tejido a rombos que separa los solares, para impedirles picotear los tomates, las frutillas o lo que se haya decidido plantar..
Los perros andan sueltos y algunos con sus amoríos en jardines propios y ajenos provocan reacciones horrorizadas de las señoras. El resultado de esos encuentros son preciosos cachorros de raza indefinida, que luego irán a dar alegría a muchas familias de la zona. También hay perros tristes y ladradores, que tironean de una cadena imperturbable, que casi nunca los deja correr, relativamente libres, aunque sea dentro del fondo de la casa de sus dueños..
Por el carcomido bitumen pasa habitualmente el carro del pocero. El hombre vive al final de la cuadra en una casa sin cimientos, las paredes son de adobe y el piso de tierra. Es un personaje para los gurises. El hombre, tiene nombre de prócer y apellido de planeta, vive de su trabajo y le gusta el vino, en abundancia. Se viste como del campo, faja de lana a la cintura y boina negra infaltables. En los pies, nada de botas, alpargatas bigotudas y las patas percudidas a la vista, hasta donde empieza la bombacha con el botón ausente del puño. Es para los niños habituados a su paso, medio loco, pero palpan el sorprendente respeto y deferencia que le tienen sus padres..
El hombre, es de risa fácil, aceptando las bromas, también fáciles, que le hacen los adultos por ser un solitario. Vive con su vieja madre fabricante de unto sin sal, su caballo y algún perro..
A veces pasa a pie tirando de la “holando” atada con una cuerda y ahí para a conversar con los vecinos de cualquier edad. Habla fuerte y se ríe a carcajadas, negocia algún trabajo y sabe, sin orgullo, de su buen oficio, que disfrutan las familias como agua fresca..
Según lo que cuadre hablar, unos conocen más que otros el profundo sentir de, el pocero. Se intuye su innata inteligencia, conversa con fluidez expresando claramente su pensar, es un gaucho en el sentido amplio de la palabra, libre, solitario..
Supo llegar en sencillo lenguaje y usando su propia vida de ejemplo, a una muchacha, medio desanimada con exámenes por dar, transmitiéndole en una corta y casual charla, la importancia de no desaprovechar la oportunidad de tener una buena formación..
Al hombre le gusta preguntar a las madres, la mayoría amas de casa, en que andan los hijos, si la chiquita está mejor, ya que la vio caerse y lastimarse la rodilla, en la calle llena de pozos y piedras negras; o si el botija grande va a seguir estudiando..
El hombre tiene días mejores que otros, en los que el viento le sopla norte, se lo ve pasar parado en el carro, dándole duro al matungo..
La mayoría de los niños van a la escuela que está a la vuelta de la esquina. Sus padres, los hombres del barrio, son obreros que trabajan en las muchas fábricas que hay en la zona; son empleos estables y muchos están en éstos desde muchachos, se los ve volver a casa todos los días más o menos a la misma hora, algunos en bicicleta, otros caminando. Los espera la comida que a la patrona se le ocurrió o pudo preparar. La bolsa de los mandados de cada una refleja lo que el hombre gana. Paquetes de papel de estraza, un litro de querosén, doscientos gramos de aceite y alguna botella de refresco, pocas..
La escuela tiene doble turno y sólo un número la identifica. Los maestros del barrio son los menos, se ve bajar de los ómnibus a muchachas lindas que enseguida son rodeadas por los alumnos que las esperan, les llama la atención las pestañas con abundante rimel, el cabello peinado de peluquería, los exquisitos perfumes y todo lo que en conjunto marca su procedencia de otros barrios..
El pito que suena en la fábrica y se escucha de lejos, indica que son las dos de la tarde los almacenes y la panadería están cerrados, las calles tranquilas, hasta que a las tres suena la campana de la escuela, zarandeada por algún niño contento por el honor de tocarla, la directora tiene que pedirle por favor que pare..
Se terminó la paz, todos gritan en el recreo según el juego que hayan elegido, se ven grupos de gurises correteando, algunos para tocarse un poco con la excusa de la cruz hecha. Otros tratan de esconderse atrás de los tachos de basura hechos con tanques de doscientos litros. Las grandes de sexto, que parecen liceales infiltradas, disfrazadas con túnica tableada y moña, caminan del brazo conversando de quien sabe que..
Unas cuantas madres se arriman al muro con altas rejas a ver a sus hijos que juegan alegremente, la excusa es alcanzarles la merienda..
Esta consiste en galletitas María o manzanas..
En la escuela se venden tortugas con mortadela, preparadas por los alumnos..
El manicero, en verano se transforma en heladero, hoy grita incansable maníiiii desde el mismo lugar que ocupan las madres..
Las limpiadoras de la escuela son las únicas que salen y entran por el portón de hierro, haciendo algún mandado, seguro para las maestras..
Estas conversan animadamente de sus hijos y sus amores, sólo perturbadas por algún hecho de sangre, en general de rodilla. Pobre criatura el circunstancial paciente, que es nuevamente agredida por sus compañeros de la cruz roja, que se afanan en pasarle “merthiolate”, sobre todo para que le arda más que para curarlo..
El pocero no tiene hijos, pasa despacito en su carro mirando el alboroto de niños, algunos que lo ven le gritan cosas y él no se queda atrás; lo saluda uno de los maestros con el que ha conversado muchas veces. Hoy lleva unas camas en el carro a la casa de su hermana que vive a unas cuadras, ella tiene un boliche y es ahí donde el hombre comparte vino con otros parroquianos..
Se ven en el precario negocio, muchos caballos y en la sombra sus jinetes acodados en las tablas del mostrador. Está caliente el aire y el ánimo de los bebedores, la conversación no va por los carriles habituales de temas del trabajo o el fútbol, se huele un mal ambiente. Algunos se van para no complicarse, otros por curiosidad o solidaridad, se quedan a ver qué sucede..
Pasan frente al boliche los gurises que ya salieron de la escuela, un varón con la túnica de arrastro, lo rezonga su hermana mayor, impecable la niña con túnica recta, seguramente para que la herede el chico..
Son las cinco de la tarde, quedan pocas horas de sol que ya no calienta como al mediodía..
Los niños llegan a la casa a tomar la leche..
Son hogares con la madre presente y el zaguán abierto, aún en las noches. Hoy hay una sorpresa en el living de los hermanitos, al fin llegó el televisor, con caja de madera y en blanco y negro..
La leche esta tarde se toma con Pilán, nadie los podrá sacar de enfrente a la pantalla, con la publicidad en vivo y justo hoy un programa de preguntas y respuestas auspiciado por una bebida alcohólica..
Mientras los niños se niegan a ir a bañarse y los vence el sueño, el pocero discute, defendiendo lo que en ese momento parece valer la pena, con otro hombre, que por lo que se dicen conoce bien. Tiene mucha rabia y el otro no menos, gritan, se alejan y vuelven a la carga, ya con insultos, con frases donde se ha perdido el motivo inicial de la pelea, el otro es sólo un enemigo odiado..
En la casa del televisor llega el padre, que no es de los que vuelven con el pito de la fábrica, sino que por su trabajo va y viene sin horario, por eso la puerta de su casa siempre está sin llave, por si llega papá. Trae un paquete con carne de vaca, en la casa no falta, pero por las dudas; no quiere perderse un buen churrasco con huevos fritos que su esposa prepara rápido mientras se baña. Es joven y fuerte, come mucho, porque lo gasta; fuma y toma alcohol porque es parte de ser hombre..
Los gurises están dormidos frente al televisor encendido, el padre los carga en brazos a los dos juntos y los mete en la cama, después se sienta en un sillón verde a leer el diario de la noche frente a la tele hablando sola..
El pocero se agarra el pecho, ve la sangre que le empapa las manos, aprieta y no la puede parar; sigue gritándole insultos al del cuchillo, mientras, los de a caballo lo suben a su propio carro y se lo llevan para no volver..
Se corre rápido la noticia, nadie pierde la oportunidad de agregar detalles al episodio criminal..
En la casa del sillón verde los niños escuchan a su madre, les cuenta lo ocurrido filtrando los detalles sórdidos que escuchó al ir al expendio a buscar la leche. Lamenta en fin, la pérdida de un buen vecino, un hombre bueno..
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Adriana Acosta Larralde.
Paso de la Arena